Profesor de educación física y experto montañista, el santafesino Facundo Gaitán relató los pormenores de su expedición que la semana pasada escaló el Aconcagua pero que, a poco de llegar a la cima, emprendió el regreso debido a las malas condiciones climáticas y la fatiga.
Una decisión difícil per correcta
(*) por el prof. Facundo Gaitán
Fueron diez dias de ascenso para abandonar las ultimas diez horas. Las aclimataciones resultaron buenas pero el frío nos impidió salir a buscar nieve para derretirla e hidratarnos como correspondia. En el último campamento en Nido de Cóndores antes de atacar la cumbre, el termómetro marcó veinte grados bajo cero dentro de la carpa en la que estábamos los integrantes de esta expedición, Adriana, una docente entrerriana; Fabián, un militar que lideró esta misión y que a pesar de tener dos cumbres en el Aconcagua, sufrió edema pulmonar al pasar los 5.450 metros de altura sobre el nivel del mar; Pedro, un militar meteorólogo que reestructuró el ascenso commo consecuencia de un temporal que se avecinaba; Nahuel, un joven de veinte años que reviste como soldado voluntario de la Fuerza Aerea.
Jamás me dejó de doler la cabeza, desde el tercero hasta el noveno día, sentí una jaqueca como nunca había sufrido sumado al cansancio más grande de toda mi vida. La caminata desde el campamento Canadá hasta Nido de Cóndores, donde aclimaté tres días, me extenuó por su temporal de nieve y un frío que helaba. A todo esto se agregó una mancha en mi ojo izquierdo, sospechaba que era un incipiente desprendimiento de retina a causa de la presión, diagnóstico confirmado por el médico que me atendió en Plaza de Mula. Por mi bien, decidí bajar 1.200 metros y no seguir más allá de los 5.500. El dia que debiamos atacar la cumbre, caminé por el campamento y comprobé que no estaba recuperado. Tenía un gran dolor por no poder cumplir el objetivo pero también sabía que corría un gran riesgo de quedarme sin energías al llegar a la cumbre, todo un peligro para el descenso. Prevaleció la responsabilidad sobre las ganas de seguir adelante.
Hice lo correcto, siempre se puede volver a intentarlo, nada justifica arriesgarnos. Todos los días nos enterábamos de algún accidente fatal. Las condiciones climáticas empeoraban y aún no pudieron rescatar el cuerpo del guía argentino y el montañista inglés que falleció tras dormirse a la intemperie cuando se sentó a descansar a poco de alcanzar la cumbre. Otro alpinista murió cuando una piedra le cayó sobre el pecho, provocándole un paro cardíaco. En la montaña uno siempre tiene tiempo para reflexionar; las emociones están a flor de piel. Abandonar la expedición me causó una angustia enorme pero sabía a que me exponía. No me hubiese gustado morir el 21 de Enero y que mis compañeros den aviso dos días después y que a la semana le avisen a mi esposa que yo había fallecido hace una semana a consecuencia de una fatiga extrema. Sé que suena drástico pero acá abajo las cosas se ven de un modo muy distinto al que se viven en el Aconcagua, allí se ven tal cual son.
Volveré a intentarlo,
(*) Por prof. Facundo Gaitán
Profesor de Educación física, santafecino de 33 años; apasionado por la naturaleza y las montañas, actualmente cursa quinto año de Medicina en la Universidad Nacional Del Litoral al mismo tiempo que termina el último trimestre de la Licenciatura en Educación Física.
Las notas firmadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la opinión de Eldepornauta.com
Fotos: archivo personal de Facundo Gaitán |